Un instante de silencio

•14 July 2008 • Leave a Comment

Despertaste en la mañana al amanecer de un nuevo día de actividades. Das un vistazo a la ventana y el gris del día se parece un poco a la bruma de un bosque en la lluvia de otoño. Tu cuerpo está anclado en la cama, te sientes como un barco varado en la playa, sin poder moverte. Empiezas a repasar los pendientes del día. En tu cabeza resuenan las llamadas telefónicas que hay que hacer, los diálogos de la junta de las 9, los diferentes caminos que pueden tomar las decisiones que hagas, el trabajo de la computadora. Un pequeño vacío te invade en ese momento desde el fondo de tu estómago. Piensas que quizá no estás en el trabajo correcto, que deberías estar en otro lado, haciendo otra cosa. Al fin y al cabo ni te gusta tanto lo que haces. ¿Qué pasaría si renuncias? ¿Qué harías en lugar de esto? Solo vas a cumplir con un día más, con tus obligaciones, con ganarte el pan de cada día. Te levantas de la cama y ya estás pensando en qué hacer de desayunar antes de siquiera meterte a bañar. Puedes oler incluso los huevos fritos con salsa que piensas cocinar.

 

Bajas a la cocina. Y te preparas de desayunar mientras estás pensando en la gente que vas a ver el día de hoy y en los pendientes del día anterior que hay que resolver. Repasas los horarios, las citas y los reportes incompletos que habrá que terminar para hoy. En ése momento, recuerdas la imagen del colega tuyo con quien tuviste un problema acerca de unas ordenes de compra que no salieron a tiempo y se te revuelve el estómago antes de dar el primer bocado al plato que está frente a ti. Lanzas un taco que solo tú escuchas y te dispones a comer con el mal humor de la imagen de aquella persona. Vienen a ti los recuerdos de una pelea sin palabras, de un enfrentamiento de actitudes y de un correo lleno de espinas dirigido a tu jefe explicándole el error. No tuviste oportunidad de defenderte. Sientes que el desayuno se te revuelve en el estómago y dejas el plato a medio terminar.

 

Antes de irte, pasas al baño para ponerte la corbata y en ese momento recuerdas una cita que tendrás en la noche con la auditora del 2º piso. Una emoción te embarga y ya quieres que sea el final del día para poder tener la cita con la chica. Y quizá, ¿por qué no? Prepararle el desayuno al día siguiente.

 

Sales a la calle dialogando contigo mismo en tu cabeza acerca de cuál será la mejor estrategia para terminar el día  Caminas por la calle rumbo a la oficina. Apenas son cinco calles. La gente camina para todas direcciones en aparente caos, pero todos tienen un destino fijo en su apresurado caminar. Estás absorto en tus pensamientos y cruzas los semáforos sin fijarte, solo siguiendo el rebaño de gente. En el instante en que esperas la luz verde para cruzar, en el instante en que tienes en mente la contestación del correo para tu colega, es el preciso instante en que subes la mirada y todo el ruido cesa. Dos universos se juntaron en chispas de luz que profundizaron hasta el fondo de tu alma, te paralizaste y solo podías escuchar el sonido de tu propia respiración. Es como si todo tu pasado y tu futuro se colapsaran en una implosión sorda que liberó tu alma en una emoción de libertad, volando por encima de tus pensamientos. Era como salir de un túnel en donde todo lo que existe es la luz y nada más. En ese instante, desapareces y te fundes a la vez con ése universo al cual perteneces y perteneciste siempre, en donde el tiempo y el espacio no existen, solo el vacío. Te conectaste con lo más profundo de tu ser a través de una mirada en un instante que se saborea a eterno. En ese momento, tus ojos y los ojos de un niño se conectaron. Era un niño cargado a las espaldas de una señora con las manos cargadas de bolsas del mandado rumbo a su esquina para vender dulces en el suelo. El brillo de sus ojos negros viéndote más allá de lo físico te ha silenciado por un instante, te ha puesto entre dos mundos paralelos, en un lugar en donde la paz y la quietud no dan lugar a nada más.

 

El semáforo cambia y el niño se aleja, en ese momento recobras el sentido consciencia de ti mismo y continúas caminando, pensando de nuevo en tu trabajo y dialogando incesantemente en tus adentros.

Limpia tu casa

•1 July 2008 • Leave a Comment

El líquido es negro cuando está estancado. Se queda inmóvil, se queda quieto y no puede fluir con libertad. Cada momento sientes que se va llenando un poco más porque lo que está en el mundo es negativo y eso te afecta demasiado. La pesadez te mantiene quieto y te encuentras acorralado. Lo mejor será cerrar la puerta del cuarto en donde está el agua estancada, no será que los demás pudieran entrar y ver la podredumbre que hay. Mejor dejar que solo vean las partes limpias de tu casa, tu sala y comedor impecables, pintados del mismo color. Sin embargo, hay momentos en que no puedes huir de aquella suciedad, la humedad comienza a filtrarse por las paredes, comienza a gotear el líquido nauseabundo desde la esquina de tu sala. Haces lo posible por resanar esa pared pero es demasiado tarde: la gente se dio cuenta de la gotera y del horrible olor que desprende. Algunas personas se alejarán porque conocieron este lado feo de tu casa, y desconfiarán de ti porque quieren estar en casas impecables, no importando si los cuartos oscuros están llenos de herrumbre y de cosas podridas, ellos solo quieren ver tu casa pintada de un mismo color y los cuartos a media luz, pero que esté uniforme, que esté limpia, que sea una casa como todas las demás.

El agua sigue acumulándose y cada vez es más insoportable el olor, ahora ya lo percibes en los cuartos de a lado y no sabes qué hacer con eso. Ahora la espuma sale a la superficie y te das cuenta de que está llena de dolor, de odio, de tristeza. Lo mejor será seguirlo ocultando, resanar las paredes de los cuartos aledaños y poner una puerta a prueba de olores. Tu casa debe estar impecable y ese cuarto no puede seguir afectándote así. 

Cada vez que regresas a tu casa, ves que el agua ha sobrepasado la capa de yeso que pusiste en tu sala y la filtración continua. La angustia sigue por querer ocultarlo, pero ya no hay forma de sellarlo más, ya utilizaste todo lo que estaba en tu poder para taparlo. La desesperación te acoge, tienes ganas de gritar, de llorar, pero no puedes. ¿Cuánto más se puede aguantar fingiendo que la casa es toda limpieza y perfección ante los demás?

El agua se sigue estancando, y el límite del agua será el límite que tenga tu propia casa, nunca sobrepasará tus propios límites… nunca te va a ahogar. La única solución la sabes tú: limpiar la casa. Si limpias tu casa, corres el riesgo de ensuciarte, de llenarte de lodo, pero en el fondo sabes que tu casa no es sucia por naturaleza, sino de un brillo y un colorido que no puedes imaginar. No, porque te has olvidado del color original de tu casa, del brillo, del tono de las paredes, de las flores del jardín. Cuando empiezas a limpiar, llega un momento en que tienes la impresión de que nunca vas a terminar, siempre salen cosas nuevas, siempre hay que limpiar algo en donde la mugre ha impregnado las paredes y parecen imposibles de quitar totalmente. Pero cuando lo haces, descubres que la mugre desaparece de algunas partes, y de otras, sale con gran facilidad, y la labor de sacarla de tu casa se antoja divertida.

Entra en tu propia casa y explora todos los cuartos que tienes a tu disposición. Has pasado ya mucho tiempo viendo cómo son las casas de los demás, fijándote en las filtraciones y en los malos olores, solo para compararlas con tu propia casa y consolarte pensando en que la tuya, después de todo, no está tan sucia. Enciérrate para hacer labor de limpieza y sal solo cuando sea necesario. Deja entrar a aquellos que estén dispuestos a ayudarte a ver lo que te falta de limpiar y aprecia su punto de vista. Ellos también han hecho la limpieza de su propia casa, y saben que la mugre existe en todas, aún cuando la gente se niega a mirarlo en las suyas propias. No siempre lo que te digan estará de acuerdo con tus ideas, pero su visión encerrará una verdad más clara que tu propia visión. 

Llegará un momento en que los cuartos de tu casa estén limpios, y descubrirás que es más bella de lo que nunca habías imaginado porque ahora, las habitaciones que estaban sucias se integran con toda la casa y te darás cuenta que siempre había estado completa, solo que habías querido que esos cuartos sucios no hubieran pertenecido a tu propia casa. Vivías solo en los cuartos limpios, los sucios los evitabas pensando que no eran de tu hogar, que no podían ser, que no iban de acuerdo con lo demás. Cuando descubres que tu casa está en integridad, tu casa se expande, se vuelve preciosa para ti, y ahora puedes invitar a quien tú quieras a descubrir lo maravillosa que se ha vuelto. Y ellos querrán una casa igual y serás la inspiración para que ellos también limpien la suya. 

Y tu casa se vuelve un poema lleno de luz y de colores. Por que aquello que habías pintado de un solo color también se disolvió, y los colores originales resurgieron y la vistieron de muchas maneras diferentes. Ahora cada día es una sorpresa que te das a ti mismo, porque descubres nuevos colores en ella, y tu jardín se llenará de flores que no habías conocido. Es entonces cuando vives en integridad. La casa siempre hay que limpiarla, pero disfrutarás plenamente el proceso. Habrá ocasiones en que tengas que volver a encerrarte a hacer otra labor de limpieza total, solo para renovarte y resurgir con más fuerza que antes.

 

 

 

 

Cuenta la noche

•1 July 2008 • Leave a Comment

Cuenta la noche que el río corrió por tu casa. El agua encontró tu puerta abierta e inundó tu sala, tu cocina y tu recámara. Y poco a poco te hundiste en los cristales del agua. Por un momento te dio miedo, pero no te resististe y dejaste que el agua entrara en ti. Sentiste morir y te rendiste a la muerte que ocurrió en ti como un gran alivio y descanso. Sentiste un momento de silencio que duró una eternidad, hasta que despertaste con una felicidad y una paz que llenaban cada parte de tu cuerpo. El agua seguía corriendo en ti como pequeños ríos que entran y convergen en tu corazón, y salen a través de tu boca en cada respiración. A veces llega un torrente de río salvaje que es difícil de contener y se desborda por tus poros y salpica a los que están cerca de ti. Algunos sienten gotas en el rostro, otros se lavan la cara con ella, otros quieren más y hacen lo que sea para quitártela porque tienen mucha sed. Otros no sienten nada, porque para ellos tú estás seco, pero sabes que no es así. Ahora confías en la vida y lo que Dios te pone enfrente, eso es para ti.

Who is in?

•10 June 2008 • Leave a Comment

¿Dónde vives? El día de hoy no imaginas lo que encontrarás. La vida se convirtió de pronto en un misterio en donde lo ya conocido se encierra en una caja de madera que se ve incendiada por su propia combustión. En la combustión se deja de pensar, se deja de fingir, se da libertad para caer. El fuego consume y el dolor es intenso que se deja escapar en agua que corre por la cara en una cálida corriente incesante. En este animal que está muriendo. La imaginación se fuga y la mente te atrapa en un remolino que nos lleva hasta el fondo. La luz se hace ausente y renuncias para no ser más eso. Te rindes a una identidad porque sabes que no lo eres, solo para dejar paso a la generación de un nuevo mundo. Y en este animal que está muriendo. Las ideas se agolpan una contra otra cuando no encuentran la identificación de nuestra conciencia ni la energía de nuestras emociones. Las creencias comienzan a disolverse en un terremoto intenso. Las estructuras viejas tienen que caer, y el derrumbe siempre es aparatoso, siempre va envuelto en el caos, en el ruido abrumador. Todo tu aprendizaje parece no servir para ver una luz, aunque sea mínima. Todo el conocimiento previo parece desvanecerse para dar lugar al caminar y no al caminante, porque tu identidad parece no ser la verdad. No hay nada de donde aferrarse. En medio del infierno, un grito sale galopando de tu garganta y pide por ayuda. ¡Es tu voz la que se deja oír! Ten por seguro que fuiste escuchada en lugares que no te imaginas.

 

La desesperación te está tragando lentamente como una serpiente a su presa. Es la misma desesperación que se siente antes del amanecer, cuando todo es más oscuro. Las hojas caen y el frío te cala los huesos. La vida parece llegar a un manojo de caminos que se anudan en una encrucijada. ¿Cuál camino tomar? Las paredes se cierran. Estás sobre arena movediza y parece que toda tu vida no tiene sentido. El miedo nubla las palabras para describir la oscuridad, la infelicidad, el vacío. ¿A dónde vas? ¿Qué estás intentando lograr con todo esto? ¿Tu mundo se va a acabar? ¿Acaso esto es la muerte que se experimenta en los momentos particulares en donde te pierdes a ti mismo? No hay tiempo, ya no hay más tiempo. Te estás consumiendo en la desesperación y no encuentras la salida.

 

En esta inmensidad llamada Universo, el tamaño no importa. Eres insignificante, pero a la vez inmenso. No hay comparación, y en la ausencia de la comparación el ego muere lentamente, y te conviertes en todo lo que ES. Planetas, estrellas, galaxias… maravillas del cosmos. Y todo ello vive dentro de ti, porque tu forma es así, estás incluido en el universo y el universo está incluido en ti, con tus billones de células, que no son otra cosa que unidades de consciencia que forman tu cuerpo, cada una trabajando en integridad para permitirte experimentar esta vida en la consciencia. Y en toda esta inmensidad, en todo este vacío inconmensurable, de millones de millones de estrellas, de millones de millones de células, ¿dónde estás tú? ¿Sigues pensando que tienes la razón de lo que tu pequeño ego te dice que es? ¿Sigues apegado a los pequeños placeres de la comparación de ti mismo contigo mismo? Rendirse significa dejar entrar el vacío para poder llenar de nueva consciencia aquello que quedó como un gran lienzo en blanco. 

 

Coinciden los acontecimientos y todo se acomoda para la apertura que traerá vida nueva.  Y en este animal que está muriendo, ¿en dónde estás tú? De pronto caes, no porque hayas sido víctima del camino, sino porque así lo decides hacer. La caída es dolorosa y parece interminable, pero las alas comienzan a salir, empiezan a extenderse imponentes y majestuosas. Son tus propias alas que salen de tu interior y descubres con asombro que puedes volar. Eres un ser que sale a la luz de la transformación. Del capullo sales convertido en algo que no imaginas. El proceso de maduración fue doloroso, pero la recompensa es la totalidad y la integridad del ser. Estás más presente a la vida y a todo lo que rodea. El conocimiento se hace disponible no de manera teórica, sino todo tu cuerpo se vuelve uno con la mente y el espíritu, y tu estado completo original regresa a ti para que goces, para que vivas y lo experimentes como un todo que se funde con la existencia.

 

Yo estoy en la consciencia. Al final, el conocimiento queda impregnado en todo tu ser. Sabes que estos momentos de oscuridad son necesarios para la renovación, y sabes que para renacer hay que morir, sabes que el fuego es para la purificación, sabes que el dolor es la manera en que el universo capta tu atención. Te has reconciliado contigo mismo y estás en consonancia con el Ser Supremo, que es la realidad de tu ser. Entonces desprenderás el aroma que atraerá el amor a tu vida, la paz y la armonía verdaderas, porque así será tu elección y no por miedo a los opuestos. Habrás integrado tus propias sombras, y el poder espiritual estará accesible para ti y para los que te rodean.

¿A qué huele la luna?

•29 May 2008 • Leave a Comment

La luna se cicla, pide permiso, entra, se posa y sale para volver en el próximo ciclo. Es entonces cuando la luna penetra en el templo más sagrado. Se desliza majestuosa, renueva con su luz la sangre de la vida y revive la semilla del género de toda creación. Muerte y vida danzan juntas en una belleza que se funde en sí misma en una chispa que entra hasta el fondo, y al encontrar una raíz, permanece, y si no, esperará hasta que la raíz esté madura. En el ritual sagrado de la muerte está siempre presente el génesis de toda creación, y vivir la muerte se vuelve la experiencia en donde existe la posibilidad del cosmos. Un universo surge en el momento en que encuentra una raíz de la luz de otro ser encerrada en otra semilla, que a su vez contiene otro universo que se combinará en el ritual de la gestación. Y la belleza que produce se desborda en destellos de intensidad radiante.

 

¿Sabes a qué huele la luna? La luna huele a lo que es, a todo lo que existe, a la belleza blanca que sale a acariciarte la cara en su plenitud para marcar el inicio y el fin de toda consciencia. Cuando la luna es llena, entonces ES. Cuando la luna es nueva, entonces NO ES. ¿Por qué entonces se le llama “luna nueva”? ¿Qué es experimentar el “no ser”? La luna nueva es el fin y el principio de todo lo que alguna vez  fue, y por eso hay cierto pesar en no ver la luna iluminada en lo alto, porque entonces todo está en la penumbra, y la oscuridad no es otra cosa que la ausencia de luz. Si la luna pasa por sus periodos de oscuridad, entonces ¿por qué nos resistimos tanto a la oscuridad? La oscuridad de la luna es una ilusión porque la luz no proviene de ella, sino del sol. La luna pasa por un periodo de oscuridad porque la tierra está ocultando la luz del sol. ¿Qué está ocultando tu luz?  Permítete ver tu oscuridad para renovarte, busca tu luz, experimenta la penumbra para poder salir a la luz. Trascender la luna es convertirse en el sol, pero su único acceso es a través de la luna.

 

¿Ya viste la luna? ¡Sal a la luz! ¡Regocíjate, baila, celebra! ¡Estás vivo! ¿Sabes a que huele la luna? La luna huele a vida. La luna huele a amor.