El fin del trabajo como supervivencia.

•16 December 2008 • Leave a Comment

Estudié la carrera de ingeniería en sistemas, y durante toda mi vida he sacado buenas calificaciones en la escuela. ¿Qué puedo hacer? Así fui entrenado. Desde que tengo memoria mi madre me hizo saber de manera muy rotunda la importancia de salir bien en la escuela, y sin afán de juzgar esto como bueno o malo, correcto o incorrecto, la idea de cumplir con mis obligaciones de manera confiable y tener éxito en la escuela o en el trabajo, me llevó a ser considerado como un “buen” alumno o un “buen” empleado.

Permanecí en la misma empresa durante 11 años, y en todo este tiempo busqué razones para permanecer en el trabajo y encontrar el sentido de mi vida, un sentido dado por la identidad de ser un ingeniero de soporte técnico de una empresa mediana, mexicana y exitosa; un sentido dado por la solvencia económica, por el compañerismo y la seguridad de saber que era “alguien” en la vida.

Entré a trabajar en esta empresa a los 19 años, cuando apenas estudiaba el 4º semestre de la carrera de sistemas, la cual tiene una duración de 10 semestres. A estas alturas casi nadie trabajaba. Esto comenzó a cambiar al 6º semestre, cuando el horario permitía un trabajo de 8 horas diarias. Durante el tiempo en la universidad, los estudios eran prioridad sobre el trabajo. Fue hasta que terminé la carrera que el trabajo se volvió lo más importante, el único medio de supervivencia, el sostén que da la seguridad porque ahora yo “estaba por mi cuenta” sin tener más el soporte de mis papás.

Después de dos años de terminar la carrera, decidí mudarme a Monterrey. Creo que esta decisión la marcó la idea principalmente de vivir fuera de la lacrimógena ciudad de México, seguida por el deseo de conseguir pareja, y sobre todo, de divertirme y pasarla bien. Fue una inyección de entusiasmo encontrarme lejos de mis raíces y lejos de todo lo que me definía a mí mismo. Casi era como estar huyendo de un pasado de tonos grises, de una vida de bajo perfil y ausente de emociones extraordinarias.

La felicidad duró por espacios breves. Como todo el mundo tenía momentos felices, tristes, alegres, de estrés, de incomodidad, y también vino el profundo conflicto inconsciente de encontrarle sentido a la vida. Hubo parejas, amigos, éxitos y fracasos en todos lados. Tenía una vida “normal” y segura. Si me hubieras preguntado si era feliz, te hubiera contestado “claro que sí. Tengo un trabajo retador, coche, un departamento y amigos con quienes pasar el rato, y alguna pareja de vez en cuando, a veces duran, a veces no”. Pero en el fondo, muy en el fondo persistía la misma pregunta: “¿Quién soy y qué hago aquí?” Esta pregunta permanecía inconsciente, pero molestaba como el zumbido de un mosquito en las noches de silencio. En ese espacio donde no hay ningún ruido, no hay estímulos visuales, no hay nada ni nadie que nos distraiga, es ahí donde el sentimiento se hace mayor y quiere salir a la superficie, la congoja se convierte en insomnio, la misión ahora es salir de ese espacio. El ruido que hacía desaparecer este malestar era el dinero, el sexo, los hobbies, la diversión, el alcohol y el trabajo. Pero era en las últimas noches que pasé en Monterrey que más me molestaba el sentimiento profundo de estar haciendo algo que no fue lo que vine a hacer a este mundo, y el conflicto terrible de pensar que no estaba haciendo lo suficiente con mi vida.

Regresé al Distrito Federal después de 4 años de vivir independiente, y volví a casa de mis papás, de nuevo al mismo trabajo. El sentimiento de tristeza y conflicto existencial seguían ahí, sin que yo me diera cuenta realmente de su presencia. Traté de renunciar para trabajar en otra empresa, pensando que renovando mi entorno le podía encontrar el sentido a mi vida y sentirme igual de feliz como cuando me fui a Monterrey por primera vez. Pero cuando le comuniqué a mi jefe mi decisión de renunciar, éste me hizo saber lo valioso que yo era para la compañía, me dijo muchas cualidades que me endulzaron el oído, como que era una persona confiable y una persona creativa. Dentro de mi no podía creer estas palabras, decía “¿quién? ¿Yo? No es cierto” Esto naturalmente me hizo sentir bien y me dio un sentido de confort a mi ego, dándole un cierto sentido a lo que estaba haciendo, así que me quedé en la compañía porque me sentí apreciado. De nuevo, el sentimiento de desazón apareció a las pocas semanas, pero ahora como desesperación.

Algunos meses después, en vísperas de navidad, recibí una llamada de una ex novia de hace muchos años. Nos saludamos con gusto y después de un rato de intercambiar el estatus de nuestras vidas, me leyó un correo que le escribí en una noche en que me quedé tarde a trabajar. Me lo leyó al teléfono y no podía creer lo que estaba escuchando. ¡Yo tenía talento! Tenía realmente talento para ser escritor y estaba feliz de saberlo. Esa noche tuve el primer cambio de modo de pensar, en que tal vez el motivo de todo mi sufrimiento era porque había errado mi profesión.

La mañana siguiente en mi trabajo tuve mi primer momento de iluminación. Me di cuenta de que toda mi vida había tratado de alcanzar algo allá afuera que realmente no quería. Todo este tiempo me sentía mal porque no alcanzaba a ser alguien más allá de lo que era en ese momento, pero solo porque la sociedad me lo había impuesto como ideal de vida. La causa de mi conflicto es que en el fondo, realmente no quería ser ese alguien. Un “alguien” que fuera gerente o director, tener gente a mi cargo, tener un puesto de importancia y responsabilidad, estar casado con una mujer estupenda, dos hijos, en una casa propia, con auto y perro en la puerta. Durante toda mi vida, el ideal de este “alguien” había sido impuesto por los demás, por el “deber ser” de este mundo moderno de hoy. Las reglas implícitas de una sociedad que empuja a alcanzar un refrito del “sueño americano” con frijoles a la mexicana. Como dice en la película de Jerry Macguire, alcanzar el “KWAN”, definido por el amor, el respeto y el dinero. El paquete entero, entendiendo por amor el tener a alguien a lado, respeto de la gente alrededor y, naturalmente, mucho dinero. Un ideal que significa estatus, significa ser aceptado por los demás como alguien “exitoso”. Esta persona exitosa, esta persona de éxito era lo que siempre quise alcanzar, un título de Gerente o Director, una buena paga, títulos y diplomas pegados en mi oficina y en mi casa, etc. El reconocimiento que faltaba en mi vida podría ser provisto por una empresa, por los amigos que me verían como alguien que “la hizo” en la vida, por mi familia por ser alguien “estable y de provecho”, por mis compañeros de trabajo, etc. Todos ellos me reconocerían si tuviera un trabajo así… excepto yo. Nunca me había cuestionado si esto era realmente lo que quería para mí. Nunca había cuestionado la falsedad o la verdad de esta definición implícita e inconsciente con la que nos alimentan desde niños. No me había puesto a pensar que este concepto era la causa de mis conflictos internos.

Fue en esa mañana que me di cuenta de que aquello era una mentira para mí, que todo lo que quería lograr en mi vida era una farsa y que realmente no quería todo eso que me había comprado de los demás. Nunca quise realmente ser el “gerente”, e inconscientemente había estado huyendo de las responsabilidades que esos puestos traían consigo. No había nada ni nadie a quien culpar, ni al mundo, ni a la empresa, ni siquiera a mí mismo. Sin embargo yo era el único responsable de mis creencias, y por lo tanto, de mi sufrimiento. Esa mañana descubrí ese tipo de libertad que no imaginé. Soltar las creencias me quitó un peso enorme de encima. Ese reconocimiento que faltaba en mi vida nunca puede ser provisto por algo externo, ni medallas, ni trofeos, ni reconocimientos, títulos, palabras de la gente, tampoco por una pareja, los hijos o los padres. Todo esto es apreciable, pero no pueden llenar el vacío interno que solo se puede llenar en el interior por uno mismo.

Ese día me di cuenta, que todo lo que quería de mí, es ser yo mismo.

My process of self awareness, self honesty, self forgiveness and self application

•16 December 2008 • Leave a Comment

First of all, my dear friends, I’d like to apologize for my english. If I make mistakes in my writing, please let me know in your comments. From now on, I rely on Word’s orthographic.

In my five years of age in this spiritual awakening, I can tell how in every process I go from darkness and blindness to light and awareness. This is a never ending journey in which the ultimate goal is to find my true self, to know myself, to become one from the inside out. If my interior is in conflict, if my brain hemispheres are fighting with each other, if my body is not communicating with each part completely, then the world outside will be a place of eternal conflict.

So I want to share to you, my spiritual family, the issues I’ve been addressing in the past 9 months. Magically, this last 5 days everything has been falling into place, now I can see clearly and I know you will help me even further. As Ananda said, sharing is an important part of the growing process. So here it is.

First, a little background that’s relevant for me:

My mother used to take care of everything in the house, from the cleaning to the management of money and resources, food, clothing, etc. She took care of us and provide for almost everything. My father was always there but not present in essence. He provided money to the house, but his attitude made me feel that he was looking always from the trenches. In a family constellation, I could see that I had the masculine and feminine roles inverted. I could realize that my father has suffered greatly because of a difficult childhood where he is the youngest of 5. Anyway, I don’t want to explain his life, but this is one of the main reasons of his insecurity.

My mother and father used to argue a lot, so many times, my mother pulled us, my sister, my brother and I, to her side. I remember that many times I judged my father as an incompetent, insecure asshole. As a result, the image of the man in the house became that of an incompetent person.

Repercussions in my life:

I continue to be friend with many of my ex-girlfriends, so one time I had the opportunity to ask them what they think about me in my masculine side. They all felt the same about me: They feel secure and peace, but they didn’t feel that kind of support of a man. They felt that I have no initiative to take action. I was in a deep process at the moment, and although their words hurt me, I was very grateful for their honesty. That was the beginning of my internal work with my masculine side.

I start to realize that, when it comes to be with a group of men, I always have something to judge about them, it was like I never felt part of the clan.

Last year I met Finnie in India. The connection was immediate and three months after we separated, I decided to bring her to live with me in Mexico. When she came, I felt deep panic inside. I knew I wanted to do this, but a part of me didn’t want because I didn’t feel good enough to take care of a serious relationship. This irrational fear was telling me “I won’t be capable to be responsible for this relationship. I’m an incompetent asshole.” A bolt of lightning stroke me!! I’m judging myself in the exact same way I used to judge my father. Deep inside I don’t feel I’m capable to do this because my model of a man is someone full with fear. After a few tears and pain, I decide to confront this and, with all my fear, I spoke to Finnie (which by now, she was angry at me because I abandoned her for two days). I tell her I want to commit to this relationship and be responsible for my decision. After this, we chose to live together and deal with the difficulties one at a time.

Months passed by. Finnie had to renew her Mexican VISA. So she went back to Taiwan. Two weeks later, I reached her there and spend a wonderful month together. I feel like a little boy taken care by his mother. She asks for my food in the restaurant (everything is in Chinese, give me a break!), she manages the money, she does the agenda, we see all her friends, etc. We come back and she feels that her life in Mexico is about to start because all the cycles she closed back in Taiwan. Later I found out that this mask of enjoyment hides a fear of responsibility about resources. I don’t want to take care of the resources. I don’t want to take care of the details of the journey, so I left everything in her hands.

Some days later, the kitchen incident. Finnie wants to prepare some french fries, as she puts them on the pan with oil, it began to jump like crazy. Suddenly, the pan caught fire, a flame so high we just stood there with total surprise. I have to act, so I grab the pan and throw it to the floor. The fire in the pan cease immediately, but the furniture is still burning. I grab a piece of cloth to put it out, and something falls into my hand. Finnie takes a bowl of water and throws it to the small flames. Finally, it stops, leaving the apartment covered with smoke. I proceed to clean and fortunately, the furniture hardly gets any damage. But my hand has a first degree burn. Today, after three weeks of this incident, I have only a little scar (divine intervention?)

Weeks passed by and Finnie starts to be frustrated and angry at me, and one day, she spills everything out. She was keeping many things to herself and finally, she tells me that I cannot deal with small details in the house. I was grateful that she expressed in that way. A part of me feels lost and wants to retaliate; I feel she’s not right. I realize about this and, at the end, I don’t feel conflict anymore about this, I don’t want to be right anymore, I don’t have to defend myself, I don’t feel attacked, so I take what she’s saying and ask to see clearly. The response was almost immediate. I see that I have dealt with the emotional part of this, that’s why I don’t feel hurt, I don’t have to go through anymore pain. The next day, I realize this: “I AM a MAN in this house. To take responsibility is only a decision away, consciously and with full awareness. I can deal with the role of the head of our small family”. This is not about doing. I don’t have to do ANYTHING. It’s a matter of attitude, a question of WHO I want to BE, and if I can see myself clearly BEING this.

That day, I came back to the house and start doing some cleaning. Without saying a word, I was hoping she realizes this, but I don’t want to tell her anything. We are kind of mad at each other. When I finish, we hug each other, so now I can talk to her. I told her I was sorry that I didn’t see many things about myself being a little boy, expecting a woman to take care of everything (my mother). That I realize is nothing that I do, but who I am, that is generating her discomfort, and naturally, she feels no support from a little boy. How about the support of this little boy, and a man? I asked for her help, because I didn’t learn this role in my life before. She agrees. These days have been amazing. I find the strength to do many things without forcing myself. It’s all coming so natural I cannot believe it. She is so happy with my transformation, and I am so grateful to her because she made me realize this, and gave me the push I needed to find out, and to know myself a little bit more. The kitchen incident? It meant, male energy is translated into action, positive (not meaning “good”) energy, the energy that goes out, decision to act in time, the one who gives out. I was lacking of this energy, so I’m not in balance. This has to happen to make me realize I’m the one who takes action in the moment. A little sacrifice has to be made (a burnt hand), like my comfort. A delicate balance with female energy is needed in order to create anything in our lives.

I know now that I can be many roles in my life. With her now, I can be a man. I was a friend, a lover, a shaman, a master, a child, a son, a father. This is a decision, and it’s always changing according to circumstance.

Now, as I choose to grow, I feel the other part of me that’s resisting and pulling me to the other side, wanting to sabotage this being, trying to stay as always, as a teenager in a relationship. The part that resists diying because he thinks he’ll lose his freedom. But this, is another process… I promise I’ll keep you update.

I want to thank you, my family, because you were part of this process, and you made it possible. My triumph over myself is yours too. Let’s celebrate life together!

Self honesty. Acceptance.

•4 December 2008 • Leave a Comment

Just here, where I am, today I decide to stop fighting with reality inside and outside of me. Today I start to accept myself as I am, without pretending to be someone else or wishing to be someone else other than me. Today I want to look at myself in the mirror with honesty and watch that I have the power to build and destroy, to make someone feel good with words or to hurt with my attitude, it’s just a matter of choice. I make the decision to be acceptance, honesty, forgiveness and peace.

All my life I’ve been struggling with myself, with the “should be”, with the “careful”, with the “they are wrong”, with the “nobody cares about me”. Today I am as I am and I’m perfect the way I am, with all my flaws, my immaturity, my irresponsibility, with my virtues and my abilities; I fall in love with myself, I completely love and accept myself. I thank myself that I’m unique, integer and ONE with myself, with all spiritual bodies that make me, my conscious, my unconscious, my subconscious and my super conscious, my superior self, my inferior self and my ego. Today I will stop fighting with God.

Una Carta de Amor

•24 November 2008 • Leave a Comment

Un día anhelé el lugar en donde estás. Te recuerdo con amor, y ¿por qué? Te tengo en el fondo de mi corazón y no quieres salir para que te conozca. Sigues llorando en una esquina y no te atreves a soñar. Sal para que te vea y te abrace hasta que todo tu deseo de cariño y amor se vea saciado. Sal para que te sane y te bese las heridas con palabras sutiles de calor. Has dejado una huella imborrable, y no puedo hacerte totalmente mío hasta que te de la luz totalmente. Deseo que aparezcas por detrás del arcoiris, cuando tu luz se refleje en todos los rincones y se dibuje alrededor de ti un aura sutil.

Sal con suavidad. Date el tiempo que necesites. Sal con decisión. Muéstrate tal como eres y no tengas miedo. Lloras en tu habitación cuando nadie te ve. Nadie te ama y sufres por eso. Te sientes solo, te sientes separado y te sientes excluido. Te duele el cuerpo de tanto aguantar los gritos por hacerte notar, por exigir tu espacio. Aquél lugar que te corresponde por derecho está perdido. No te encuentras en el mundo de la gente grande. Tu espacio está limitado y no puedes moverte como te gustaría, no puedes expresarte como sabes que eres capaz.

Pero ahora puedes salir a jugar. Puedes divertirte como el niño que eres. Puedes crear una aventura. Puedes salir de tu cascarón de una vez por todas y llevarte los miedos contigo, integrados a ti y hechos consciencia. El dolor deja heridas y ya es tiempo de que cicatricen, y estas marcas son las que hacen tu belleza. Esta pequeña muerte se hace tuya y es cuando puedes brillar.

No tengas ya más miedo por hacerte conocer. No te sigas afligiendo en un rincón pensando que nadie te quiere. Yo te acepto tal cual eres, no importa lo que pienses de ti mismo, porque yo no te juzgo ni te rechazaré nunca. Eres parte de mi y yo soy parte de ti. Alégrate porque ahora puedes confiar y puedes aportar algo bello a los que te conocen con el solo hecho de tener tu hermosa compañía. No eres más el niño temeroso y contraído, excluido y que siente que no pertenece. No eres más el niño que no se siente suficientemente bueno. No lo eres más. Así que no tienes nada que temer porque yo te amo.

Te amo, mi niño interior.

Deeksha. Milagros a nuestra disposición.

•20 November 2008 • Leave a Comment

El último día del proceso de 21 días en la India, el director de la Oneness University, Ananda Giri, nos dirigió unas palabras para resumir de manera sencilla, el viaje espiritual de estos días. Mi mayor realización vino cuando dijo… que el trabajo del Deeksha se podía definir con tres pasos: Uno, invocar a la divinidad. Dos, tener la consciencia. Tres, compartir. En ese momento hubo tal claridad en mí que intentaré resumir con palabras.

1.      Invocación de la divinidad: Aunque no estemos conscientes, la divinidad es parte de nuestra naturaleza y siempre está dispuesta a asistirnos, aprovechando cualquier apertura que tengamos para golpearnos con su iluminación. Al invocar a la divinidad desde nuestra elección consciente, estamos abriéndonos a todas las posibilidades de ayuda que nos puede brindar. Si no estamos abiertos, así baje Dios Padre ante nosotros, no vamos a tener la apertura para recibir los mensajes.

2.      La consciencia es esa claridad interior, es esa barrera que cae, es el paso necesario para crecer, es la observación clara y sencilla de lo que sucede en el interior y como se refleja al exterior, es el contacto directo con la realidad sin intervención del ego. Es ese “ahora me doy cuenta” que expresamos con tanto alivio, como un peso que quitamos de nuestros hombros.

3.      El compartir es una manera de hacer disponible en el otro esta realización, es comunicar y expresar, desde nuestro ser, nuestra transformación y abrir la posibilidad para el otro que nos escucha, de tener esta apertura espiritual y conocerse a sí mismo. Es inspirar, conmover y motivar en una comunicación de ser a ser.

Por lo tanto, y siguiendo estos pasos, es que quiero compartir la experiencia del fin de semana con todos ustedes.

Mi sobrino nació la mañana de este sábado pasado, es el 2º hijo de mi hermano y todo salió a pedir de boca. Por haber sido cesárea, el bebé estuvo en incubadora por un tiempo para tenerlo en observación. En la tarde del mismo sábado, los doctores nos informaron que el bebé no podía respirar bien a causa de una bola de aire atrapada en un pulmón, y que había muchas probabilidades de una cirugía. Le hicieron estudios, y a excepción de la bolita en el pulmón, el bebé parecía estar perfectamente de salud.

Los momentos que pasan entre la noticia y la cirugía fueron de mucha angustia para toda la familia. En la espera es difícil aceptar la realidad sin miedos y sin juicios. Finalmente por idea de mi mamá, nos decidimos hacer una oración dentro de un círculo de energía para pedir por la sanación del bebé. La resistencia de algunas personas no se hizo esperar, entre ellas mi papá, que no quería aceptar la realidad expresando su miedo con enojo y quejándose conmigo de que la doctora le faltaba tacto para comunicar la noticia. Sin querer discutir, les dije que uniéramos manos y cerráramos los ojos. Lo que pasó a continuación fue un viaje desde el corazón de todos hasta el bebé, visualizando que el absceso de su pulmón disminuía hasta ser reabsorbido por completo. Después hablé con Jesús y mi sorpresa fue saber que antes de que todos le pidiéramos que nos asistiera, Él ya estaba con el bebé. En ese momento supe de inmediato que lo que fuera, operación o no, el bebé iba a estar bien… y tuve fe, una fe sin expectativas sino certeza, una fe no con miedo sino de compasión, una fe no de incertidumbre, sino de gratitud. La oración fue muy emotiva y está por demás decir cómo terminamos todos.

Tranquilos y con el sentimiento todavía en el corazón, esperamos por las siguientes noticias. Al final del día la doctora llegó con los resultados. El absceso seguía presente, y la operación era 100% segura que se iría a efectuar el domingo.

El domingo por la tarde, la noticia fue que el bebé seguiría en observación, la operación iba a esperar, porque la bola había disminuido en su tamaño… el lunes por la mañana, el tamaño era de un 25% de lo que había sido. El veredicto: No habría operación y el bebé podía ser dado de alta al día siguiente, junto con su familia. Los médicos estaban asombrados.

 image_1011

Con esta nueva consciencia del poder de la oración es que les comparto a ustedes estos momentos en contacto con la divinidad. Es algo que no se puede expresar con palabras, solo a través de la realización de la experiencia de estar frente a un maestro como Ananda Giri, o ante la presencia (remota) de Bhagavan, es que podemos seguir creciendo y conociendo el único medio para llegar a Dios: nosotros mismos.

Namasté.